Para meditar antes de descansar: Al enfrentar, como creyentes, nuestros áridos desiertos, nuestras montañas y gigantes, en el peregrinar de la vida, recordemos que Dios nos creó para vencer, no para ser vencidos. Toda adversidad es una oportunidad para probar nuestra firmeza y confiar más en El. No estamos solos en la arena, porque las mismas aflicciones se cumplen en nuestros hermanos en todo el mundo. Y no podemos pasar por alto la presencia constante del Espíritu Santo para fortalecernos, guiarnos y ayudarnos a llegar al otro lado de nuestro Jordán.
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